Pocas ideas suscitan tanto consenso entre los economistas como la importancia de la educación y las instituciones para el desarrollo económico y social de un país. Los años de escolarización de la población adulta y la calidad institucional explican por sí solas un 90 por ciento de las diferencias en renta per cápita entre los países de la OCDE. Centrándonos en el capital humano, no solo afecta favorablemente a la remuneración y la empleabilidad de los trabajadores sino también a su productividad, al incentivar la acumulación de capital físico y tecnológico, y la innovación.
España ha avanzado mucho en la mejora de su capital humano. Los años medios de educación la población adulta han pasado de 4,7 en 1960 a 9,6 en 2010. Hemos acortado en algo más de la mitad la distancia respecto a los países más desarrollados, pero sigue siendo todavía elevada: entre un 20 y 30 por ciento. Además, esta convergencia da síntomas de agotamiento y se explica básicamente por un efecto composición: los jóvenes se incorporan a la población adulta están más educados que las personas que la abandonan, pero no que los jóvenes de otros países. España ostenta el triste record de tener la tasa de fracaso escolar (un 21,9% de los jóvenes entre 18 y 24 años en 2014) más elevada de los países de la UE (un 11,1% de media).
Para resolver el problema del fracaso escolar y mejorar en otros ámbitos del sistema educativo necesitamos un gran acuerdo social y político. Es fundamental que la sociedad esté plenamente convencida de que la educación es el determinante más importante del bienestar individual y colectivo. Hay que transmitir a los jóvenes que… [continuar leyendo en El País]