Un artículo de Carlos Rodríguez Braun (EXPANSIÓN, 30/11/2018)

Un poeta liberal

Para Friedrich Schiller la libertad es previa al poder: “el gobernante no produce la libertad; se puede dejar que uno sea libre, pero no darle la libertad.…La libertad está en el punto medio entre la presión legal y la anarquía” (De la gracia y la dignidad). Presenta en Fiesco una idea en línea con Smith: “Los seres de naturaleza superior pueden distinguir los eslabones más diminutos de la cadena que conecta una acción individual con el sistema del universo, y acaso ver cómo se extienden hacia los límites extremos del tiempo, pasado y futuro; pero el ser humano muy rara vez ve más allá de los hechos sencillos, desprovistos de sus diversas relaciones de causa y efecto” (cf. Alberto Benegas Lynch (h.), “Schiller poeta de la libertad”, aquí: https://bit.ly/2qwNFHo.)Hay clamores en favor de la libertad en varias de sus obras (cf. Schiller y la libertad), como en Demetrio, donde el protagonista alude a Polonia y exclama: “Trasplantaré a mi tierra la gloriosa libertad que aquí me rodea”; y en Guillermo Tell: “El precioso tesoro de la libertad”. Pero también en favor de las instituciones de la libertad, como sucede en La doncella de Orléans con la propiedad y el comercio: “Nuestro pueblo es pueblo de mercaderes, y cuanto hay precioso bajo el cielo, afluye al mercado, para recreo y contento del ánimo”.  Ahora bien, no hay libertad sin responsabilidad, como remarca la propia Juana de Arco: “El espíritu que me inspira, sólo me descubre los destinos del mundo. Tu suerte privada se halla en tus manos”.Schiller incluye críticas al poder: “Es muy raro que suban al trono los ángeles; y aún más raro que bajen de él siendo ángeles” (Fiesco);  “La avaricia de los gobernadores extiende sus latrocinios hasta el último confín de la naturaleza” (Guillermo Tell);   “El deleite de los potentados de este mundo es insaciable hiena que busca sus víctimas con hambre jamás harta” (Intriga y amor); “El poder es siempre un gigante para los débiles…un rey recientemente elegido puede hacer hogueras con las leyes” (Don Carlos). Se elogia la división de poderes en María Estuardo: “¡Ay de la víctima, cuando unos mismos labios formulan la ley y pronuncian la sentencia!”. Y se proclama en Los bandidos: “nuestras leyes constituyen los límites de nuestro poder…son las instituciones más admirables”.

En la trilogía de Wallenstein también hay liberalismo: “El poder extravió su corazón” (El campamento de Wallenstein); “el río rodea los campos de trigo y las colinas con viñedos, honrando los […]

Leer completo en la web del autor

Un artículo de Carlos Rodríguez Braun del 30 de noviembre de 2018.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.