Por más vueltas que se le dé a la sentencia, a su impecable demolición del llamado «derecho a decidir», a su detallada refutación de las protestas de indefensión con que los defensores de los separatistas -sobra «de los» salvo en caso de Xavier Melero- impugnaban el juicio, a su escrupulosa atribución de culpas o a su vigorosa defensa de la superioridad jurídica y moral del Estado de Derecho, el argumento de la «ensoñación» del procés continúa pareciendo intelectualmente inasumible. Y acaso innecesario, al menos a simple vista, porque para fundamentar la condena por sedición bastaba con constatar que la violencia ocasional desplegada durante los hechos juzgados fue insuficiente para incardinarla en el delito de rebelión, que en su actual formulación […]
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Un artículo de Ignacio Camacho publicado en ABC el 16 de octubre de 2019