La sentencia del Supremo parecía, también, la sentencia de muerte del procés. Confieso que no venció mis reservas, las filosóficas, que las jurídicas las dejo para los especialistas. La insurrección anticonstitucional no era ni una broma ni un farol. Dada la naturaleza del asunto, ni siquiera podía serlo. Ni la calificación cabría. La proclamación de independencia desde instituciones de autogobierno, en tanto aspiración a reconocimiento de un nuevo Estado, tiene siempre vocación de realidad. Un […]
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Un artículo de Félix Ovejero publicado en EL MUNDO el 5 de diciembre de 2019