De acreedor de derechos el ciudadano se ha convertido en expendedor de responsabilidad. El Estado se ha vuelto más intrusivo ante la docilidad del pueblo asustado. Pero no es el fin de los liberales.
Lo primero que cambió cuando el virus se infiltró en el organismo de las ciudades fue el rol del ciudadano. La ciudadanía siempre se había definido por la titularidad de unos derechos y progresivamente se habían ido relajando todas sus obligaciones excepto las fiscales. Pero la alarma movilizó al ciudadano y el equilibrio entre los derechos y las obligaciones se invirtió de la noche a la mañana. Espero que me disculpen el cliché pero al fin es preciso. El ciudadano se acostó después de haber […]
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Un artículo de Rafa Latorre publicado en EL MUNDO el 22 de marzo de 2020