Se dice de un torero muy famoso -Juan Belmonte, creo- que, cuando le preguntaron, cómo era posible que uno de los banderilleros de su cuadrilla hubiera llegado a ser Gobernador Civil de una ciudad importante, contestó: pues, degenerando, degenerando… Me ha venido a la memoria esa frase cuando comencé a escribir sobre lo que a mí me parece la degeneración de España y de los españoles. Y, particularmente, de quienes desde la política dirigen el país. Siempre se ha dicho que la democracia es […]
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Un artículo de Juan Cesáreo Ortiz-Úrculo publicado en EL MUNDO el 22 de septiembre de 2020