Desde 2007 se han ido destapando en España no sólo graves problemas estructurales en nuestra economía, sino también profundas grietas del sistema político institucional, que deben ser reparadas con urgencia, porque afectan a la esencia de los valores y principios democráticos, y especialmente, del Estado de Derecho. Se ha vuelto a utilizar la expresión “regenerar la democracia”; y se repite insistentemente la palabra “regeneración”, igual que a finales del siglo XIX, cuando en aquella etapa “predemocrática” de la vida política española, dominaron el escenario el caciquismo electoral y la corrupción, que denunciaron Joaquín Costa y los miembros de la generación del 98. Sigue leyendo
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