Mientras Puigdemont persiste en el ridículo de hacer creer al mundo que en uno de los países más garantistas de Europa, como es España, hay presos políticos, yo intentaré abrazar el sueño del pasado, aquellos tiempos en los que Cataluña tuvo otros presidentes de mayor altura y calado. Políticos valientes que antepusieron el interés de su pueblo a los suyos propios, con principios morales en los que jamás se contempló la cobardía. Sigue leyendo
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