El austriaco Friedrich Von Hayek, verdadero icono liberal, publicó en 1944 su conocida obra “Camino de servidumbre”; fue en el contexto histórico de la segunda guerra mundial y se convirtió en una de las obras más influyentes del liberalismo; es una obra extensa que trató capitalismo, el totalitarismo, comunismo y nazismo y admitió la posible compatibilidad de la libertad con el estado intervencionista y redistribuidor; lo admitió —pero poco— como caso extraordinario por la situación de guerra que se vivía en ese momento histórico pero, luego, Hayek corrigió esa posibilidad en su posterior obra, “Los fundamentos de la libertad”, al comprobar la fuerza expansiva del socialismo revestido de capitalismo intervencionista. Como han puesto de relieve algunos autores, entre otros, Carlos Rodriguez Braun en el magnífico prólogo a esta obra de la edición de Unión Editorial de 2008, Keynes, tal vez cínicamente, acogió con satisfacción esa admisibilidad de “un poco” de intervencionismo, se apresuró a proclamar que el liberal Hayek admitía un liberalismo centrista, una tercera vía intermedia, y que había cedido en sus principios.
Lo expuesto dibuja el famoso debate del liberalismo y el intervencionismo, que hoy seguimos viviendo, pero hay que resaltar que esta obra de Hayek impulsó el liberalismo, reconoció su fuerza moral para salvaguarda de los derechos individuales de la persona e hizo la trascendental advertencia sobre la peligrosa expansión del Estado a costa de las libertades de las personas y de la libre iniciativa económica por el socialismo con careta de capitalismo… intervenido. El Derecho positivo en España reconoce los derechos individuales de la persona, la condición de ciudadano en democracia, el derecho a la propiedad privada (art. 33 Constitución) permite el intervencionismo público e incluso “la iniciativa pública en la actividad económica (art. 128.2 CE); tal intervencionismo público se ha extendido como una mancha de aceite en todos los ámbitos de actividad habiendo creado y manteniendo un estado administrativo de bienestar excesivo, ineficiente, costoso y subvencionado. Es evidente que en España a pesar de nuestra Constitución de corte liberal reconoce la posibilidad del capitalismo intervenido pero sus excesos igualitaristas han llevado a quebrar el principio general de democracia liberal. Basta pensar en el intervencionismo en el sector eléctrico, transportes, urbanismo, educación, etc.
Lo que advirtió Hayek se ha cumplido y respecto a la situación española actual ocurre con exceso, pues hemos alcanzado niveles de intervencionismo económico que limitan la competitividad necesaria en el mundo actual, europeo y global. Creo que el camino de servidumbre nos ha llevado a un punto en el que hay que iniciar un “camino de retorno” hacia la libre empresa, la competitividad y la defensa de las libertades individuales, reduciendo, por supuesto, la presión fiscal. Son los principios de la libertad individual y de iniciativa privada los preponderantes en nuestra cultura; esto, en gran medida, es lo que desde la UE (y Alemania) nos quieren decir: que tenemos un exceso de carga de las administraciones, de gasto por servicio de protección social y de desajustes por falta de transparencia. Algo así ocurrió en Suecia que de ser un modelo idealizado de Estado del Bienestar en los años 80, cayó en ruina, pero ha sabido volver desde los años 90 a la senda de la lógica liberal, tras profundas reformas administrativas y administración del gasto social. Vale la pena estudiar la evolución del modelo sueco.
¿Cuál es el límite de exacción fiscal para considerar a España un Estado democrático, social y no confiscatorio?. Hace unos días el Presidente Rajoy dijo que España sufre un nivel de gasto público de casi el 48% del PIB pero que hay que llevarlo al 35% del PIB. Muy bien, es un primer paso; las democracias avanzadas, como USA e Inglaterra, tienen un presupuesto anual del gasto público que no excede el 30% del PIB. Por ello, podríamos añadir que, además del techo de gasto admitido en el art. 135 de la Constitución Española, habría de incluirse un segundo límite, distinto, de límite de presión fiscal medio en torno al 30% de la renta de cada contribuyente.
Comprometer gasto público en USA o Inglaterra requiere todo tipo de explicaciones de fines y sujeción a procedimientos rígidos y transparentes que pueden llevar a la responsabilidad penal de quien decide gastos sin aprobación previa. Es casi impensable que se pueda hacer un gasto en cualquier administración, en tales países, sin todos los controles.
Los principios democráticos de limitación del poder en los sectores de actividad deben regir en las democracias avanzadas y estar reflejados en sus leyes. España puede aprovechar estas malas circunstancias económicas para cambiar de enfoque volviendo a la senda de los principios de autonomía de los ciudadanos, de iniciativa económica así como aplicarlos en el modelo de organización del Estado autonómico y del Estado Social. El respeto a los principios nos dará soluciones duraderas, y seremos más libres.
CONCLUSIÓN
Recordemos a Hayek y volvamos a los principios de los límites de poder, recordemos sus advertencias sobre el peligroso intervencionismo del Estado en las libertades y en los derechos del ciudadano, en la iniciativa económica y reformemos lo que duele a España; nos duelen los excesivos gastos por estructuras de las administraciones públicas, el exceso de gastos del llamado estado del bienestar que ha ido mucho más lejos del estado social y nos ha situado en situación de servidumbre. Esto es, casi exactamente, lo que Hayek advirtió podría ocurrir.