Durante los meses de Octubre a Diciembre de 2011 el Ateneo de Madrid ha organizado un ciclo de conferencias como homenaje a Jovellanos, en el bicentenario de su muerte ocurrida el 27 de Noviembre de 1811. El presidente de la sección de ciencias jurídicas y políticas del Ateneo, Pedro López Arriba (casado con una melillense), me ha invitado a presentar el ciclo y el jueves tuve el honor de efectuarlo siendo el conferenciante de la sesión inaugural D. José Luis Abellán, conocido ensayista (autor de la Historia Crítica del Pensamiento español) y Catedrático de Historia de la Filosofía española que, además, ha sido Presidente del Ateneo desde 2001 hasta 2009. Su importante conferencia ha versado sobre la figura de Jovellanos en sus diversas facetas de hombre de acción y de ilustrado.
En estas circunstancias recuerdo, en esta nota liberal, la ingente figura del ilustrado liberal Gaspar Melchor de Jovellanos; ilustrado racionalista de inspiración francesa, estudioso de la Enciclopedia y filósofo ecléctico que vinculaba la filosofía con las ciencias útiles, como la economía, sistemas de explotación de las tierras, minas, etc.
Nació en Gijón en 1744 y murió en Navía (Asturias) el 27 de Noviembre de 1811 a los 67 años, con una gran labor realizada; fue jurista, político y escritor, principalmente de ensayos. Pero, sobre todo, fue un liberal ilustrado que quiso traer a España, su patria, el progreso, la modernidad y la reforma política. Su pensamiento reformista influyó para la caída del Antiguo Régimen de poder absoluto representado por los reyes borbones en España. Estuvo en Cádiz durante la elaboración de la Constitución de Cádiz, de 19 de Marzo de 1812, de la que el año que viene conmemoraremos su bicentenario, pero no fue diputado ni pudo verla publicada pues murió 4 meses antes.
Lo curioso del hacer de Jovellanos, hombre avanzado del siglo XVIII, fue su deseo de modernizar España por la vía del cambio del sistema económico y del cambio político; su pensamiento se inspira en el respeto de los valores de la persona siendo un reformista, casi revolucionario pero práctico, que veía los límites de la realidad
1.- Jovellanos, como jurista, fue un juez que trabajó en Sevilla a partir 1768 y en Madrid desde 1778, en los órganos de entonces llamados “Salas de Alcaldes de Casa y Corte” que acumulaban competencias administrativas y judiciales ya que todavía no se había reconocido en España la teoría de la división de poderes; esta teoría se reconoció en la Constitución de Cádiz de 1812 que implantaron los tribunales independientes.
Su afán por la justicia está reflejado en su obra poética y en la obra de teatro “El delincuente honrado”.
2.- Durante la época de juez en Madrid, desde 1778 a 1790 (en que fue cesado), se incorporó a diversas reales academias (de Historia, de San Fernando, la española) pero, sobre todo tuvo gran interés en los estudios de carácter económico. Redactó el Informe sobre la Ley Agraria en la que defendía la necesidad de liberalizar el suelo abriendo el mercado de tierras, para movilizar la propiedad latifundista, limitar los mayorazgos, acabar con las manos muertas, de modo que los campesinos pudieran acceder a la propiedad de la tierra y dignificar su vida con la explotación de superficies suficientes para su sustento. Todo ello sirvió de base para las desamortizaciones del siglo XIX, principalmente de Mendizábal y Madoz.
Esta actividad de Jovellanos como redactor de informes económicos-reformistas para fundamentar y razonar las necesarias reformas legales fue muy intensa. Redactó informes sobre los espectáculos públicos, la explotación de mineral de carbón, carreteras y sobre la necesidad de incorporar las ideas de la ilustración en la enseñanza. Fue también muy asturiano: intentó crear una Academia Asturiana de la Historia y de la Lengua Asturiana y consiguió fundar el Instituto de Naútica y Minería de Gijón.
3.- Jovellanos fue también un político en activo. Godoy (el Príncipe de la Paz) lo nombró en 1797 Ministro de Gracia y Justicia y lo cesó 9 meses después; desde el Ministerio quiso reformar la organización de la Justicia y acabar con la Inquisición; no lo consiguió pero dio pasos para su abolición en la Constitución de Cádiz de 1812.
Cayó en desgracia con Godoy y en 1800 fue desterrado a Mallorca en donde permaneció 8 años; estuvo preso un tiempo en la Cartuja de Valldemosa y luego en la prisión del Castillo de Bellver en donde enfermó.
Fue liberado el 6 de Abril de 1808 tras el motín de Aranjuez. José Bonaparte quiso que se incorporara a su Gobierno pero prefirió la línea seguida por el pueblo español de oposición a los invasores. Estuvo en la Junta Suprema Central de Resistencia y en la carta de rechazo al ofrecimiento de Bonaparte decía: “Yo no sigo un partido; sigo la santa y justa causa que sostiene mi Patria, que unánimemente adoptamos los que recibimos de su mano el augusto encargo de defenderla y regirla, y que todos hemos jurado seguir y sostener a costa de nuestras vidas. No lidiamos, como pretendéis, por la Inquisición ni por soñadas preocupaciones, ni por el interés de los grandes de España; lidiamos por los preciosos derechos de nuestro Rey, de nuestra Religión, nuestra Constitución y nuestra Independencia.”
4.- CONCLUSIÓN: La figura y el pensamiento de Gaspar Melchor Jovellanos ha sido y es unánimemente respetado, entonces y ahora. En su época, fue un reformista político, humanista defensor de los valores de la persona, y animador de la modernidad económica reflejado en la incorporación de las ideas de la ilustración, que acabaron con el Antiguo Régimen en España, mediante la aprobación de la Constitución Española de 1812; en el ámbito económico tuvo el afán de reformar la propiedad de la tierra que se implantaría más adelante con las desamortizaciones. Pero, además, quiso acabar con la inquisición, lo que ocurrió con la Constitución de 1812.
Digo, también, que además de ser una figura de fines del Siglo XVIII y principios del XIX, es una figura de actualidad y los liberales reivindicamos su recuerdo porque es pura actualidad; así, su espíritu patriota nos anima a los liberales españoles a seguir luchando por la implantación efectiva, de las libertades del ciudadano español, tanto individuales como colectivas.