El barómetro de julio de 2013, último trimestral realizado con una gran encuesta a nivel nacional, por el Centro de Investigaciones Sociológicas, da resultados “de pena”, que merecen ser leídos con detenimiento; estos datos de julio nos sirven para analizar el ánimo de los españoles en relación a la situación económica y política y anticipa lo que esperamos de la política y de los políticos. En la encuesta sobre la situación económica hay gran pesimismo pues el 90% de la población la califica de mala o muy mala, pero el 19,5% espera que dentro de un año la situación económica sea mejor. La encuesta sobre la situación política general de España da unos resultados frustrantes para quienes gobiernan nuestro país; así sólo el 2,2% de la población la califica de buena o muy buena, mientras que el 84% la califica de mala o muy mala y como regular el 13,8%; es decir, existe entre los españoles un grave pesimismo político y desconfianza en los políticos.
Los españoles hemos contestado la encuesta diciendo que los principales problemas de España son, en primer lugar, el paro y la situación económica y, en segundo lugar, la corrupción y el fraude, los políticos, los partidos y la política.
Evidentemente, hay que ser poco perspicaz para animar al Gobierno, a las Cortes y a los partidos políticos a que se pongan, de inmediato, a tomar medidas que cambien el rumbo de España. En España no hay movilizaciones de ciudadanos desesperanzados porque la sociedad española es pasiva, no está todavía articulada y sus representantes están satisfechos y sufren poco, porque, tanto los partidos políticos como los sindicatos, están subvencionados por el presupuesto público. Pero una prueba de este malestar es la manifestación “cadena humana” del 11 de septiembre en Cataluña. Aunque ha sido promovida, organizada y financiada desde el Gobierno de tal región con el fin nacionalista-independentista, es claro que contiene una “queja” sobre la situación general de España; el error es que algunos catalanes creen que “su” solución puede ser particular y que pueden buscarla en la ideología sectaria nacionalista, represiva de derechos y libertades, y de horrible recuerdo en Europa.
Del barómetro citado, auténtico termómetro de la actualidad “congelada”, se deduce que vivimos una situación de desesperanza y resignación ante la situación económica y política. Todavía el Parlamento, con mayoría absoluta del partido popular, está a tiempo de tomar medidas legales encaminadas a reformar el modelo vigente de los partidos políticos e introducir criterios de control del gasto de los recursos públicos, porque así lo demandan los ciudadanos; es previsible que en la próxima composición de las Cámaras no se repita la mayoría absoluta y se pierda una gran oportunidad.
La otra alternativa es seguir como estamos, esperando que el ciclo económico internacional nos impulse económicamente hacia el crecimiento y que esa mejora oculte las grietas en el funcionamiento de nuestra democracia; pero hay que poner de nuestra parte, como en cualquier aspecto de la vida. La pasividad ante estos problemas reales, dicen, podría arrastrar a España a una nueva Transición sugiriendo la idea de que el modelo, hoy perfeccionable, está acabado y da signos de agotamiento. A mi juicio tramitar un cambio constitucional no resolvería los urgentes problemas actuales, abriría nuevas incógnitas, y exigiría tiempo y esfuerzo.
Así pues, la acción de la mayoría gubernamental puede concretarse en un programa objetivo, de ámbito nacional para nuestro país histórico, europeo, de 46 millones de habitantes, que tome la iniciativa política, con ilusión, y no vaya a remolque de minorías políticas, sean nacionalistas o dominadas por políticos o sindicalistas sin escrúpulos que, desde hace años, abusan de la representación popular recibida y del presupuesto público.
Las generaciones de jóvenes españoles esperan mucho más de los españoles que ocupan cargos relevantes profesionales o empresariales, y no podemos dejar que arraigue la indiferencia. Hay que redoblar la atención a los jóvenes que están bien formados y muy informados pero ven, escépticos y extrañados, a veces con rabia y otras con humor, las cosas que ocurren en nuestra sociedad: 6 millones de parados; las corrupciones, ERES y GURTEL; las financiaciones irregulares de los partidos políticos y los gastos desviados de los sindicatos; el separatismo, cuando estamos en Europa; el ataque a la libertad de uso del idioma oficial castellano en algunas regiones de España; la subida continua de impuestos, pero aumentando el déficit; los privilegios y el aforamiento de los políticos… ¿Qué gestión hacen los mayores?. Muchas cosas les parece: desigual y restrictivo.
CONCLUSIÓN
El barómetro de julio anuncia el triste estado de ánimo de los españoles en la apreciación de la situación política y económica. Es urgente dar respuesta activa desde el Parlamento, reformando la regulación de los partidos políticos y exigiendo la rendición de cuentas de los gestores políticos en todas las administraciones, que evite la corrupción. Nuestra sociedad, especialmente los jóvenes, ve la situación con desesperanza y se debe crear ilusión mediante un programa de reformas que estimulen el proyecto nacional de España y limpien la cosa pública.