Vivimos en España tiempos de turbulencias políticas y económicas de las que debemos salir fortalecidos como Estado de Derecho. Todas las administraciones públicas deben dar ejemplo, cumplir las leyes y las sentencias porque así lo requiere el sistema democrático y las libertades de los ciudadanos; además, son muchos los impuestos que pagamos para atender gastos excesivos que hay que controlar y reducir. A veces, se dice, cuando se supera la crisis se sale fortalecido; pero eso es una fórmula que puede valer cuando se refiere a alguna persona o empresa con problemas, pero tratándose de España, nuestro país, con 47 millones de personas, con una gran historia, integrada en Europa y en la cultura occidental, no caben frases hechas sino ideas firmes y acciones acertadas. Por ello, España necesita un programa completo político y económico, que se exponga con un calendario, que de confianza, anime, movilice a todos los españoles porque, los que no quieren ser españoles ya están movilizados; más aún, ante la seriedad de los problemas debe actuar la mayoría absoluta parlamentaria, acompañada por el partido socialista en la oposición, en las cuestiones fundamentales de “Estado”, porque es penoso que España esté pendiente de la voluntad de los representantes de las minorías nacionalistas, 2 millones de votos. Hay que tener sentido de Estado.
Un país triunfa cuando triunfa el Estado de Derecho, y fracasa cuando las instituciones no son capaces de proteger a sus ciudadanos, prestándoles los servicios esenciales de seguridad interior y exterior, justicia y protección social, en la medida que pueda con los recursos económicos, que siempre serán escasos, pero que habrá de gestionar con eficiencia y justicia.
Recientemente se ha publicado un libro por la Editorial Deusto, de los autores Daron Acemoglu y James A. Robinson: “Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”; analizan, a la luz de la experiencia de varios países, por qué han fracasado algunos países, y por qué han triunfado otros.
Un país fracasa cuando sus instituciones políticas son extractivas y, éstas, impiden la aparición de instituciones económicas productivas generadoras de riqueza y trabajo; denominan estos autores instituciones extractivas las que son corruptas, y no ofrecen seguridad jurídica ni económica para la aparición de instituciones económicas productivas.
Comentan los casos de países como Corea del Norte, Argentina, Zimbaue y otros más que salvando sus peculiaridades de régimen político, autoritario, dictatorial o pseudodemocrático, presentan elementos comunes que revelan que han fracasado porque tienen instituciones políticas extractivas, que han permitido nacer y desarrollar instituciones económicas también extractivas que han transferido la riqueza y el poder hacia la elite, grupo dominante y casi mafioso de control. Las instituciones económicas extractivas (corruptas) tienen una sinergia con las instituciones políticas extractivas, concentran el poder en manos de unos pocos que tienen incentivos para mantener esas instituciones económicas, también extractivas, en beneficio propio que, a su vez, utilizan para consolidar su poder político.
Las políticas e instituciones extractivas en esos países crean un circulo vicioso que impiden, salvo una revolución o ruptura, normalmente violenta, que aparezcan instituciones sanas, de organización democrática que amparen el crecimiento económico.
Por el contrario, se crea un circulo virtuoso con una base institucional “inclusiva” “que reparten el poder político ampliamente, de manera pluralista, y son capaces de lograr cierto grado de centralización política para establecer la ley y el orden, la base de unos derechos de propiedad seguros y una economía de mercado inclusiva”
No hay más remedio que tener instituciones independientes y repartir el poder entre el legislativo, ejecutivo y el poder judicial, independiente, porque, en otro caso, el poder se concentra en unas manos; en el legislativo del que nace el ejecutivo ya que ganó las elecciones y ese partido será quien domine todo el poder, si puede nombrar el judicial.
En la página 469, dicen los autores “La solución al fracaso político y económico de los países de hoy en día es transformar sus instituciones extractivas en inclusivas. El circulo vicioso implica que esta transformación no sea fácil. Sin embargo, no es imposible, y la ley de hierro de la oligarquía no es inevitable.” Como vías para romper el circulo vicioso citan la posible existencia de elementos inclusivos (sanos) preexistentes en las instituciones, la presencia de coaliciones amplias que conducen a la lucha contra el régimen existente o, la naturaleza circunstancial de la historia.
El Rey ha dicho en su discurso del 25 de Diciembre que hay que hacer “alta política” y ello exige menos cantidad y más calidad de políticos; ello exige más y mejor Estado de Derecho y una justicia independiente. El anteproyecto de Reforma judicial que se presentó el 21 de Diciembre tras el Consejo de Ministros es, simplemente, más de lo mismo y no es una reforma relevante sino de detalles; al igual que las leyes orgánicas de 1985 y 2001 no respeta ni la letra ni el espíritu, otra vez, de los arts. 117 y 122 de la Constitución de 1978 y, además, la elección por las cámaras de todos los miembros del Consejo General del Poder Judicial, ya tiene la experiencia del fracaso.
CONCLUSIÓN
Las instituciones de España deben renovarse antes de llevarnos al fracaso. Hay que convertir los problemas, ya conocidos, en una palanca para regenerar la democracia. Los países fracasan cuando sus instituciones políticas son extractivas porque todo lo deforman, incluso la empresa, y los países triunfan cuando hay división de poderes, que impulsan la claridad, transparencia y respeto en las instituciones económicas. Lo tenemos fácil: construir un Estado de Derecho que respete la división de poderes y que establezca, de una vez, una justicia independiente.