Los dos mayores sindicatos españoles, UGT y CCOO, con el apoyo del PSOE, han convocado, para el 14 de noviembre de 2012, la segunda huelga general en España desde que el partido popular ganó, por mayoría absoluta, las elecciones generales del 25 de Noviembre de 2011. Convocaron una primera huelga general en marzo 2012 que fue un fracaso y tuvo su origen en la tímida reforma laboral aprobada por las Cortes como una de las reformas estructurales que la economía española necesita para salir de la recesión según la UE, el FMI y los empresarios españoles.
España necesita reformas profundas que abran nuestro territorio al establecimiento de empresas pero, para ello, procede la eliminación de trabas burocráticas y laborales. Los españoles sabemos que la pertenencia a la UE debe estimularnos para superar el clásico intervencionismo administrativo, siempre presente en nuestra vida personal y en la actividad de las empresas. La misma presencia existe, de los sindicatos, en las empresas en las que “aparecen” mediante sus liberados, como entes fantasmas, herederos del sindicato vertical.
La renovación normativa que procede hacer en España necesita dar libertad a la iniciativa privada; se precisa la creación del mercado único y la eliminación de la diversidad normativa de las Comunidades Autónomas, la supresión de mecanismos de intervencionismo económico de las administraciones públicas, a veces superpuestas y la reforma a fondo de las rigideces del mercado laboral. De otro lado, el actual modelo sindical y sus formas de actuación no ayudan a las empresas, que parecen ser sus enemigas, no respetan a los emprendedores, ni ayudan en el crecimiento de las empresas, ni a reducir sus costes, ni las cargas de la seguridad social. En resumen, la renovación de las relaciones laborales exige un marco legal que facilite la creación y la vida de las empresas; finalmente, ante la nueva norma, habrán de actualizarse los criterios interpretativos de los tribunales laborales.
Así, España no ofrece condiciones legales atractivas para efectuar inversiones y se pierden oportunidades para el establecimiento de empresas industriales porque son muchos los obstáculos; las razones son: costosa e inflexible relación laboral, pluralidad de administraciones públicas, costes administrativos para la regulación fragmentada de mercado, y sindicatos de reivindicación con formas y acciones superadas. Sin embargo, España es una magnífica zona para el establecimiento de empresas pues dispone de una sociedad ordenada, madura y formada, una cultura histórica, una situación geográfica excepcional y un clima inmejorable.
Ante esta situación, legal y real, las reformas son necesarias y urgentes porque el desempleo alcanza al 25% de la población activa (en octubre de 2012 se ha incrementado el paro en 128.000 personas), el 50% de nuestra juventud está en paro y la economía está en recesión. Pero la situación puede ser peor y los sindicatos ayudan a empeorarla habiendo convocado, de forma egoísta, y preocupados por los derechos de quienes tienen trabajo, una huelga general para el 14-N.
La convocatoria de huelga general es un error por las cuatro razones siguientes:
Primero.- Por la falta de legitimidad de los convocantes ya que carecen de una afiliación significativa y la convocatoria resulta de un simple acuerdo interno de sus órganos de dirección, sin respaldo de los trabajadores. Es peor incluso, porque los ingresos de cada sindicato son subvenciones públicas en un 70% y en las actuales circunstancias no deberían percibir nada de las administraciones, ni para gastos generales ni para cursos de formación; más aún ni siquiera rinden cuentas ni dan datos transparentes. Pero, además de las subvenciones, tienen el privilegio de la fuerza de los liberados sindicales, pagados por las empresas. Pues bien, la huelga general va a dañar a quienes les pagan: ciudadanos, administraciones y empresas; y, para colmo, la convocatoria tiene una motivación política, “contra las reformas del gobierno”.
Segundo.- A la vista de la falta de respaldo social de la organización sindical y de sus fines políticos, es claro que el modelo sindical español está obsoleto en sus formas, acciones e ingresos de sostenimiento; ni siquiera intentan promover cambios legales para crear empleo para los parados. En este siglo XXI el trabajador está protegido por una densa y extensa (excesiva) legislación laboral y, tanta protección, ha creado una malla legal, inflexible y rígida, que retrae a los emprendedores para contratar algún empleado. La competencia entre empresas está ya globalizada y hace imprescindible adecuar las condiciones del mercado y la legislación laboral, para que los costes empresariales permita hacerlas sostenibles y maximizar beneficios.
Tercero.- También es penosa esta convocatoria de huelga general por los perjuicios que genera el mero anuncio de la convocatoria. La experiencia de Grecia es conocida; es un país rescatado y sostenido con los préstamos de la UE, igual que Irlanda y Portugal; pero Grecia aparece como la población más conflictiva siendo así que disfruta de un gran sector turístico; sin embargo ha tenido 25 huelgas generales en 2012. El mero anuncio de cada huelga general en Grecia causa daños irreparables al sector turístico. Pues bien, en España, debemos conocer la mala experiencia griega y ser especialmente cuidadosos con este sector, que representa casi el 10% del PIB, y no podemos permitirnos el lujo de crear inseguridad pues el sector en 2010 y 2011 ha tenido buenos resultados por ser alternativa de destino seguro, frente a la inquietud existente en los países turísticos competidores del norte de Africa.
Cuarto.- Los sindicatos no han estado a la altura de las circunstancias. El paro ha crecido en España desde 2007 en que comenzó la crisis y en vez de ayudar a paliar el problema lo han agravado bloqueando cualquier iniciativa para flexibilizar plantillas, horarios y retribuciones laborales. Nuestros sindicatos, broncos en la forma y simplemente reivindicativos, han perdido la oportunidad de adecuarse a las exigencias sociales y laborales del siglo XXI; presentan las características propias del siglo XIX, y sólo velan por aquellos que tienen trabajo sin preocuparse por quienes lo han perdido o no lo consiguen.
CONCLUSIÓN:
La convocatoria de huelga general el 14-Noviembre merece ser un fracaso; tiene una raíz política por ir en contra de las reformas legales imprescindibles en España para salir de la crisis. Los sindicatos convocantes son responsables ante la sociedad española que sufre la recesión, vive el drama del 25% de la población activa en paro, y más del 50% de su juventud sin trabajo. Por ello deben corregir su camino, cambiar su modelo de actuación, no recibir dinero público y ayudar a renovar la legislación que facilite la creación de las condiciones de mercado y laborales que animen a efectuar inversiones.