Un artículo de Fernando Eguidazu (EXPANSIÓN, 4/2/2019)

¿Y ahora qué? Rumbo al Brexit

Quedan menos de dos meses para la fecha en que el Reino Unido salga de la UE, y el panorama sigue incierto. ¿Se consumará una salida desordenada, o se cumplirá una vez más la tradición de la UE de resolver las cosas en el último agónico momento?. ¿Se producirá el gol salvador de Sergio Ramos en el tiempo de descuento?.

Por el momento los británicos siguen viviendo una ensoñación. No parecen entender el problema, y se empeñan en querer cosas imposibles. En el Parlamento británico se ha barajado votar una moción para descartar una salida desordenada que muy pocos quieren. Pero no pasa de ser un brindis al sol. Da igual lo que el Parlamento diga o deje de decir. Si el 29 de marzo no hay un acuerdo, Reino unido abandonará la UE, por mucho que Westminster diga lo contrario.

Por supuesto se podría prorrogar el plazo que expira el 29 de marzo, como permite el artículo 50 del Tratado, pero eso no es una solución. Permitiría ganar tiempo, pero si no hay cambios en las posturas, tan solo conseguiríamos retrasar el momento final. Y la UE opina, con buen criterio que no tiene sentido ampliar el plazo si todo sigue igual y no hay ninguna alternativa razonable de acuerdo.

¿Qué opciones hay entonces? Unas cuantas, aunque no todas realistas.

Una sería repetir el referéndum, con elecciones por medio o no, confiando que esta vez gane el Remain. Pero el Gobierno británico, y buena parte de la clase política, se opone porque la sociedad británica sigue al parecer dividida en dos mitades, puntos más arriba o abajo, y aunque el Remain ganase, ese segundo referéndum ahondaría la fractura social y empujaría a los perdedores a reclamar un tercero, y luego un cuarto.

Una opción coherente es la salida total, “desordenada” como ahora se dice. Es una solución catastrófica, pero desde luego coherente sí es. El Reino Unido estaría totalmente fuera de la UE, como país tercero,, con todas sus consecuencias.

Otra solución coherente sería aceptar la permanencia del Reino Unido en la Unión Aduanera y garantizar así que no habría frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte.

Lo que no es coherente es salir de la Unión Aduanera (para que así el Reino Unido pueda firmar sus propios acuerdos comerciales) y pretender a la vez que entre las dos Irlandas no exista frontera alguna. El problema no es que la UE se niegue a esta pretensión. Es que tal pretensión es imposible. Son dos cosas contradictorias, y como tales, imposibles de implementar a la vez. Y la historia de estos dos años interminables de negociación ha sido la del […]

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Un artículo de Fernando de Eguidazu publicado en EXPANSIÓN el 4 de febrero de 2019

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