¿Hacia dónde va el liberalismo en el Siglo XXI?

Pedro Schwartz, ilustre liberal activo en la transición, ha sido invitado recientemente por el Club Liberal a dar una conferencia sobre la Sociedad Mont Pelerin, de la que ha sido designado Presidente, siendo el primer español que asume tal cargo. Se trata de una Sociedad creada en 1947 por Friedrich Hayek en la villa de Mont Pelerin (Suiza) cuyo nombre adoptó.  La lista de cuantos han pasado por esta Sociedad impresiona por su relevancia y entre ellos hay varios Premios Nobel. Su Declaración de Principios, en una situación post-bélica, partía de un diagnóstico acorde al momento histórico: los valores de la civilización estaban en peligro ya que gran parte de los países carecían de condiciones necesarias para una vida digna. Los reunidos consideraban que la posición de los individuos era débil ante el poder y que la libertad estaba amenazada por quienes solo buscaban imponer sus decisiones sin ninguna oposición. También sostenían que, después de la guerra,aún perduraba la visión de la historia que había cuestionado la validez del imperio de la ley (de ahí los totalitarismos que la produjeron) y la pérdida de confianza en la propiedad y la iniciativa. Todo ello hacia difícil garantizar que la libertad pudiera ser  preservada de forma definitiva. Durante muchas décadas la influencia intelectual de la Sociedad Mont Pelerin ha sido notable e incluso ha inspirado a líderes como Margaret Thatcher y Ronald Reagan. La caída del Muro de Berlín en 1989 mostró que tras el telón de acero no había sino una realidad social tercermundista, encubierta en el esfuerzo militar del comunismo que, para mantener su potencia, llegó a absorber tal grado de recursos económicos del PIB de la Unión Soviética, que asfixió a su población hasta el derrumbamiento del sistema. El profesor americano Fukuyama adquirió notoriedad en 1992 al sostener en un artículo que tituló “el Fin de la Historia”, que la lucha entre ideologías había concluido, y que el fracaso del comunismo venía a demostrar que la única opción viable era la democracia liberal, que daría lugar a un pensamiento único en el que las ideologías dejaban de ser necesariaspara ser sustituidas por la economía. Al hilo de este relato, algunos liberales conservadores como Pedro Schwartz afirman   que con la aplicación total de la teoría de su admirado Hayek, las sociedades humanas llegarían al techo de su eficacia económica. Y que para lograrlo hay que sacralizar la libertad individualy reducir el Estado a su expresión mínima. Dentro de ese pensamiento neoliberal ni siquiera cabe hablar de la igualdad de oportunidades que, en su trayectoria vital,merece cada persona. Para el recién nombrado presidente de la Mont Pelerin solo cabe la libertad de oportunidades. El darwinismo social hace el resto. Naturalmente la conferencia abrió un vivo debate que no podía agotarse en el coloquio moderado por Carlos Entrena, como Presidente del Club Liberal, pero sirvió para poner de manifiesto la diversidad de posiciones que pueden defenderse en el liberalismo de hoy. Para quien esto escribe, cuanto se quiere identificar con el neoliberalismo puede llevar a la extinción de todo lo admirable que representó esta doctrina que ha conducidoal mundo occidental a la riqueza. El marxismo llevó a los países que lo aplicaron a vivir durante ochenta años undrama humano, caracterizado en sus primeras décadas por millones de muertos entre la represión y el hambre y, posteriormente, por la servidumbre y la pobreza. Justamente el hecho de que haya sido así y lo haya sido en grado tan extremo, es lo que ha producido, tras la globalización sobrevenida,  que una masa depauperada haya propiciado la creciente deslocalización desde occidente de casi toda la industria de mano de obra intensiva. Cómo iba a desaprovechar el capital multinacional unos “ex – paraísos” en los que ha encontrado millones de obreros dispuestos a producir bienes por un tercio del costo de mano de obra, respecto al de una Europa que había labrado su gran prosperidad desde 1945 a 1990. El liberalismo económico nunca ha necesitado defenderse.Y ello, porque  el tratado que publicó Adam Smith con el titulo “La riqueza de las naciones” no precisa refutación,pues comienza por reconocer que el egoísmo es connatural al ser humano, pero que deviene en altruismo: “si un tejedor, un zapatero, un panadero, obtienen beneficio mayor que el que necesitan para mantener a su familia, utilizará el excedente para emplear a más personas con el fin de aumentar su beneficio. De ahí sigue que un aumento del beneficio del empresario sea la base de la prosperidad colectiva”. Los científicos sociales reconocen esta visión extraordinaria de Adam Smith, pero esto es solo el enfoque económico del liberalismo, (porque lo que la idea liberal representa es el mayor esfuerzo que registra la historia para luchar contra la pobreza y la ignorancia, para oponerse a la concentración de poder, al fundamentalismo religioso y al racismo latente en los movimientos nacionalistas.) Fueron liberales los que elaboraron el Manifiesto de Oxford y fijaron las bases para el resurgir de Europa. Ellos formularon los grandes retos que asumen los auténticos liberales: El reto de reorientar el coste del armamentismo hacia la inversión en capital social. El reto de superar las sociedades divididas por la pobreza mediante políticas que ayuden a redefinir los sistemas de bienestar, promoviendo la responsabilidad individual. El reto de regular los mercados abiertos haciendo compatible la defensa de valores liberales, como la iniciativa y la creatividad, con un modelo economía de mercado que satisfaga las necesidades humanas básicas. El reto de evitar la sobrecarga de los Estados y su efecto negativo sobre  la sociedad, con presupuestos inflados de burocracia y gasto creciente, para llevar el debate al equilibrio que debe mantenerse ante las nuevas demandas. En un mundo en el que la pobreza por la superpoblación de grandes áreas geográficas  está generando flujos inmigratorios y dramas humanos terribles, el debate que plantea el liberalismo es profundamente humanista y exige la honestidad y la eficiencia de los gobernantes,  pues la inmoralidad es también administrar mal los recursos. Ése es el gran debate que debe impulsar el liberalismo del siglo XXI. Una visión neoliberal que quiere sacralizar la libertad absoluta del capital sin sometimiento a ningún control,  se toca en sus extremos con otra visión del neocomunismo emergente que sacraliza la intervención del Estado para controlarlo todo. Y ambas visiones constituyen el problema al que se enfrenta el Siglo XXI.

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Acerca de Abel Cádiz

ABEL CÁDIZ RUIZ es el presidente de la Fundación Emprendedores. En el pasado asumió un compromiso con la transición política, al lado de Adolfo Suárez. Fue miembro del Consejo Nacional de la UCD y Presidente en Madrid. Tras ser diputado por la Comunidad de Madrid abandonó la política para dedicarse profesionalmente a la docencia y a la actividad empresarial.

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