Los orígenes del totalitarismo (etitado por TAURUS)

El nacionalismo no gusta en Europa

En Berlín, junto a la Puerta de Brandeburgo, está el memorial que recuerda el holocausto de los seis millones de judíos asesinados por los nazis, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. El partido nacional socialista de Hitler llegó al poder en 1933, y ya desde entonces, antes por tanto del inicio de la guerra mundial, comenzó la persecución, opresión, coacción y robo de alemanes por el hecho de ser de religión judía. El vínculo identitario de los nazis fue el factor “contra el enemigo judío”. En otros nacionalismos el vínculo de unión es un enemigo “extranjero”, otra religión, o, como padecemos en España, en donde el vínculo identitario de los nacionalistas es “contra Madrid o España”. El partido nazi desarrolló su acción de persecución de los ciudadanos judíos con el doble método de acoso social, sin posibilidad de defensa jurídica pues había desaparecido el estado de derecho, y mediante nuevas leyes, contrarias a los valores humanos, que apartaban a los ciudadanos judíos de sus puestos de trabajo en la administración pública, en la enseñanza e incluso para el ejercicio de negocios particulares y actividades profesionales. Al término de la segunda guerra con veinte millones de muertos, el genocidio sumaba seis millones de judíos y un millón de gitanos, asesinados, principalmente durante la guerra en los campos de exterminio. No lo podemos olvidar. Pero ese resultado fatal tuvo un caldo de cultivo preparatorio que fue germinando en el odio racial a lo largo de años anteriores de machacona propaganda, la identificación de personas “marcadas” a las que, además, se les extorsionaba en sus derechos y bienes, por la corrupción del poder.

El partido nazi alcanzó el poder en 1933 democráticamente; pero, tras conseguir el poder acabó con la democracia y con el estado de derecho, convirtió Alemania en una dictadura de partido único que abusaba sistemáticamente de las personas y sus bienes, sin el menor respeto a los derechos humanos y libertades personales. Lo que ocurrió es un mal “sueño” para Europa y por ello, el nacionalismo asusta a los ciudadanos europeos porque conocen su historia y no quieren que se vuelvan a repetir los errores del pasado por razón de “identidades” de pueblo, raza, lengua o religión.

Una de las calles que delimitan el memorial se llama “Hannah Arendt” en recuerdo a la filósofa y pensadora política que murió en 1975; publicó obras muy conocidas como “La condición humana”; “Crisis de la República”, pero hoy quiero referirme a su obra “Los orígenes del totalitarismo” (Taurus, 1998) donde refleja el método seguido por el nacionalismo hitleriano para reprimir al ciudadano y convertirlo en un individuo aislado, inseguro e indefenso.

La técnica que describe Hannah Arendt fue análoga a la utilizada por la dictadura soviética para implantar su arbitrario poder y por otros conocidos totalitarismos padecidos y que se padecen. Lo que persigue la acción totalitaria es atomizar a los grupos sociales para destruir sus lazos sociales, familiares, de vecindad, del trabajo, acabar con los grupos e implantar su poder único; dice: “la consecuencia del simple e ingenioso sistema de culpabilidad por asociación es que, tan pronto un hombre es acusado, sus antiguos amigos se transforman inmediatamente en sus más feroces enemigos; para salvar sus propias pieles proporcionan información voluntariamente y se apresuran a formular denuncias que corroboran las pruebas inexistentes contra él…” (pág 404).

La descripción del libro es impresionante, se fomenta lo peor del hombre cobarde, la traición y la delación. Así, el ciudadano aislado pierde la confianza en sí mismo y en su entorno, en el que no existe Estado de Derecho, ni garantías jurídicas y el individuo se convierte en un ser inseguro. La propaganda hace, posteriormente, la segunda fase del trabajo consistente en integrarlo en la masa que lidera el partido que se cree legitimado para dirigir el movimiento de su futuro en la historia.

Sobre los nacionalismos hay mucho escrito pero falta mucho más, porque han producido un gravísimo daño en Europa; se le reconoce por sus “pocas ideas” pero, sobre todo, por sus métodos: el aislamiento y padecimiento de las personas en aras a una idea constructivista de un futuro “mejor” para hacer la historia.

Es impactante la parte del muro de Berlín que se ha conservado en Zimmerstrasse, cerca del Checkpoint Charlie junto al cual hay unos paneles con documentos gráficos que forman la muestra “Berlín 1933-1945: entre la Propaganda y el Terror”. En ella se explica el nazismo, su llegada al poder, la persecución judía, la propaganda, la guerra mundial y la destrucción de Alemania que llegó a un punto “cero”. Estos documentos prueban los efectos de la política nacionalista sobre los ciudadanos discrepantes, las personas “marcadas”, como racialmente indeseables.

La experiencia del nacionalismo en Europa ha sido horrible y, por ello, no nos gusta a la mayoría de los europeos, convencidos defensores de las libertades individuales, de la democracia auténtica, no sólo aparente, y del Estado de Derecho cuyas leyes debemos, todos, respetar.

CONCLUSIÓN:

En España estamos padeciendo el fuerte empuje de los nacionalismos vasco y catalán y, paralelamente, vemos, en la exhibición “Berlín 1933-1945: entre la propaganda y el terror”, la horrible experiencia que vivió la Alemania de los nazis. No podemos olvidar los malos efectos de la ilusión y la exaltación de “un pueblo” frente “a otro”.

Lo ocurrido en Alemania de 1933 a 1945 nos enseña que el partido nazi se sintió legitimado, por su historia, para construir el futuro de su pueblo, eliminando cualquier obstáculo que le frenara en su aspiración y, por ello, acabó con la oposición política, la democracia y el imperio de la ley.

 

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