La crisis de los valores

La crisis de los valores en España

Con la denominación “La crisis de valores” se ha celebrado esta semana, en el Hotel Wellington de Madrid, una sesión, con lleno hasta la bandera, en la que han sido ponentes el historiador Fernando García de Cortázar, el dramaturgo Albert Boadella y el escritor Alfonso Ussía; el moderador fue el periodista Luis Herrero.

En la presentación del acto se expuso que el tema elegido es consecuencia de la gran alarma existente en la sociedad española por tantos hechos escandalosos que se están conociendo gracias a los medios de comunicación, con origen en diversas instituciones, por corrupción política, tráfico de influencias, desviaciones de recursos públicos en algunas administraciones, gestión desleal en entidades crediticias –ahora desaparecidas- fueron dirigidas por personas designadas por los partidos políticos y los sindicatos, sin idoneidad profesional.

Esta situación, se comentó, es consecuencia no sólo de la falta de mecanismos preventivos de transparencia y de controles independientes sobre la actuación de los gestores políticos de los intereses generales, sino también, porque los autores de los hechos reprobables carecen de principios éticos. Valores firmes aceptados por la sociedad española como algo normal y que han estado profundamente arraigados en la mentalidad de los españoles, parece que han desaparecido o se han atenuado. Ha sido la coincidencia de la mejora del nivel de vida, la ligereza en la selección de cargos públicos y la falta de controles lo que ha animado a algunos gestores, junto a falta de principios morales, a cometer las irregularidades. Por ello, cuando faltan principios morales el sistema democrático debe defenderse con leyes concretas, que sean un freno y una amenaza para el gestor que pretenda aprovecharse de lo público porque éste debe saber que, si se le descubre, la ley se le va a aplicar sin privilegios ni excusas.

El historiador Fernando García de Cortazar, buen amigo del liberalismo, recordó que Walter Benjamín decía que la Historia refleja lo que más destaca en cada momento histórico y que cuando ocurren desgracias, por ejemplo, la guerra o el holocausto, se comprueba que se encajan si la sociedad es fuerte; la desazón actual de nuestra sociedad es efecto de la debilidad de los resortes de resistencia y de fuerza de voluntad para soportar y superar la actual crisis política y económica. Efectivamente, nuestra sociedad necesita reforzarse en su base moral incorporando los principios del humanismo, que valora cada persona individualmente, como miembro en la comunidad en la que convive y en la que da y recibe ayuda.

Denunció García de Cortazar que las formas sociales se han perdido, que hay políticos que no saben debatir con elementos racionales y congruentes porque han pasado al ladrido y que de la cultura y aprendizaje se ha pasado a la nefasta influencia de la TV adormidera; dijo que el incumplimiento admitido de las normas lleva a no respetar siquiera el esquema de poder constitucional, ni la soberanía nacional, ni el concepto ni sentido de nación y que el relativismo sobre ello, ha permitido que estén crecidos los nacionalismos que desean quebrar la convivencia y la solidaridad entre españoles, es decir, a la nación española.

El conocido autor teatral Albert Boadella, que vive en Madrid, en el exilio interior para evitar la asfixia del nacionalismo catalán, tomó la palabra diciendo: “con placer, queridos conciudadanos”. Enumeró un decálogo de síntomas que, a su juicio, acreditan la degradación y decadencia en la sociedad actual. Con diversas anécdotas dijo que el nacionalismo catalán enarbola la bandera de la independencia como una nueva religión, con gran fanatismo y con bastante éxito en aquella comunidad; también comentó el continuo y cada vez más agobiante intervencionismo del Estado represivo de la libertad individual; aludió a cambios de hábitos en la sociedad que se aprecia en el egocentrismo de la gente, que sólo habla de “yo”, sin oír a su interlocutor, y que el niño “rey” de la casa está creando un grave debilitamiento en el espíritu de la infancia y de la juventud ante la mínima adversidad o contrariedad.

Alfonso Ussía dijo que prefiere hablar de renovar “principios” porque son las raíces con las que las personas crecen y se forman las que hay que reforzar. Resaltó la enorme importancia que tiene la familia para el niño, como núcleo básico de aprendizaje, de respeto y de cariño; que la educación en los colegios requiere el respeto al profesor pues, actualmente, hay padres que incluso agreden al profesor que se atreve a suspender a su hijo; dijo que el maestro debe ser intocable. Recordó que cumplió el servicio militar durante 15 meses en Cádiz, y allí aprendió los principios de obediencia al superior, el principio de igualdad de los reclutas pues todos eran iguales en aquel ambiente de disciplina, y que aprendió a conocer lo español y a ser español. Criticó el materialismo del “patrón-oro” que rige la sociedad actual que se mueve, básicamente, por dinero. Finalmente, dijo que no puede considerarse justa ni equilibrada una sociedad que permite la humillación de las víctimas del terrorismo y deja que los asesinos lleguen a dirigir instituciones administrativas.

Cada intervención fue muy aplaudida y Luis Herrero sugirió que, además de regenerar los principios morales de nuestra sociedad en base al respeto de la persona y cumplimiento de la ley, es importante incorporar, como siempre ha ocurrido en España, el sentido del humor; humor en la vida, en la política y ante las dificultades.

CONCLUSIÓN:

En la interesante sesión sobre la crisis de valores en España los ponentes manifestaron la gran preocupación que existe en nuestra sociedad por la debilidad o falta de principios éticos que sirvan de raíces de cada persona: fuerza de voluntad, trabajo, esfuerzo, honradez que se aprenden en la familia, en la escuela en donde debe respetarse al maestro y en la convivencia ciudadana. Cuando se debilitan estos principios y valores aparecen conductas que causan alarma social, especialmente cuando son políticos los autores porque quiebran la confianza de sus representados. Por ello, ante la debilidad o falta de principios éticos debe surgir la ley sancionadora en defensa de la democracia y de la convivencia, cuya aplicación debe ser rápida por una justicia independiente.

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