Hace un siglo, en 1913, el gran filósofo español, Ortega y Gasset, creó la liga de Educación Política Española para impulsar el regeneracionismo político e intentar acabar con las malas prácticas políticas como la corrupción, el caciquismo y el pactismo que sólo pretendía el goce alternativo del poder. En aquellos años de principio del siglo XX los españoles estaban curando las heridas del desastre de 1898 que supuso la pérdida de las últimas colonias españolas, Cuba, Puerto Rico y Filipinas y no es de extrañar que padecieran gran tristeza por lo ocurrido; tal dolor se tradujo en pesimismo que describió la Generación del 98, compuesta, principalmente, por literatos como Unamuno, Ganivet o Maeztu.
Otra vez: regeneración contra el pesimismo
Más tarde, la llamada Generación de 1913 ó 1914, liderada por Ortega y Gasset y Giner de los Ríos, quiso superar el pesimismo mediante el regeneracionismo político, proponiendo cambiar el rumbo político de España que tenía sus estructuras anquilosadas de la que consideraban responsables al gobierno y a la Monarquía. Estos intelectuales deseaban luchar contra el pesimismo, pasividad e inercia ciudadana, alentando reformas políticas que ayudaran a regenerar la política. Entendían que España necesitaba un gobierno que supiera señalar el camino para modernizar el país, eliminando rémoras, y legislando para cambiar aquellas estructuras obsoletas, de modo que los ciudadanos políticamente indiferentes, rompieran la inercia y participaran en la vida política que les sirviera para ganar confianza en el presente y abrir expectativas de futuro para las siguientes generaciones.
La llamada Generación de 1913 la integraron, junto a Ortega, intelectuales de la talla de Madariaga, Américo Castro, Juan Ramón Jiménez, entre otros, quienes cada uno en su especialidad y estilo, fueron aportando lo que creían mejor para su país; propusieron objetivos políticos, económicos, científicos y culturales para limpiar, modernizar y revitalizar la vida pública española, pretendiendo que se abandonaran los localismos estériles.
Hoy un siglo después, en 2013, vivimos en España mal ambiente político y económico, y se habla de pesimismo ciudadano. Evidentemente, en un siglo, se ha avanzado mucho económica y políticamente, pero el malestar ciudadano existe y no sólo procede de la crisis económica, que está siendo muy dura para el empleo y las familias. El ciudadano español actual conoce mucho más que el de hace un siglo; hoy existe libertad de información y los medios de comunicación denuncian muchos casos de descontrol del gasto público, de corrupción, de derroche, de desequilibrio presupuestario, de excesos políticos y sindicales, de abusos de algunas administraciones publicas que, incluso, incumplen, consciente y voluntariamente, las leyes y las sentencias de los tribunales, discriminando a las personas en el ejercicio sus derechos fundamentales cuando quieren utilizar la lengua oficial de España, el español; como, por ejemplo, en la escuela pública y en la administración en Cataluña.
Todo ello ha creado un distanciamiento y desconfianza de los ciudadanos en relación a los políticos, y se debe hacer un esfuerzo para superarlo; son, especialmente los políticos, representantes elegidos, quienes deben conocer los problemas y la sensibilidad del conjunto de ciudadanos y actuar en interés general. Así, está claro que existe demanda ciudadana de regeneración de la vida política y su puesta en práctica aportaría ánimo a la sociedad española. Es necesario recordar la Constitución de 1978 ante el separatismo catalán, explicar las razones jurídicas de la aplicación “general” de la conocida y penosa sentencia del TEDH o, las razones para que el Consejo General del Poder Judicial se componga de cuotas políticas, pese a lo prometido en el programa electoral del partido del gobierno y de que la justicia debe ser independiente en un auténtico Estado de Derecho.
Desde los ámbitos mediáticos del poder se está repitiendo, para animar a los ciudadanos, el mensaje de que tras dos años de gobierno del PP el balance es positivo; que se ha evitado el rescate de la UE, que la crisis económica española ha tocado fondo y que en 2014 puede comenzar una prudente reactivación. ¡Ojalá sea una realidad inmediata! Pero, apostarlo todo a esperar una suave reactivación económica no va a cambiar el estado de ánimo nacional, y hay que tomar en serio la necesidad de actuar en la línea regeneracionista citada.
CONCLUSIÓN
La sociedad española está viviendo una etapa de pesimismo derivada, aparentemente de modo exclusivo, de la situación económica, que ha llevado a 6 millones de personas activas al desempleo. Eso no es exacto; para superar el desánimo no será bastante que la economía empiece a crecer, es necesario activar seriamente un programa de regeneración política que luche contra la corrupción, el derroche, los excesos de gasto público, el separatismo y que haga cumplir las leyes en todo el territorio nacional.