A los nacionalistas catalanes les ilusiona pensar que pueden decidir unilateralmente sobre la unidad de España y que tienen derecho a la autodeterminación de Cataluña porque son un pueblo —nación— con identidad diferenciada de la nación española. Saben los nacionalistas que este planteamiento violenta la Historia de España y la Constitución española de 1978, democráticamente aprobada por los españoles; también saben que según el Tratado Constitutivo de la Unión Europea, Cataluña no sería admitida como nuevo miembro de la Unión Europea, ni como miembro del Euro, que muchas de las empresas e inversores allí establecidos se irían porque perderían la confianza y expectativas de futuro, y que los mercados de deuda se mantendrían cerrados para suministrarles los recursos necesarios. Es decir, creen que, en el siglo XXI, en un mundo globalizado pueden “construir” un estado nuevo contra la Historia y la ley, a cambio de una promesa a su pueblo de bienestar y felicidad para cumplir su destino en la historia del mundo. Sigue leyendo
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