Nunca se repetirá bastante que la crisis por la que aún atravesamos, a pesar de la recuperación de los últimos años, es una crisis de endeudamiento cuya salida, si nos atenemos a la historia económica reciente, será larga y compleja.
Al inicio de la pasada década comenzó un acelerado proceso de endeudamiento de los agentes privados de la economía que alcanzó su cénit muy tarde, en el año 2010, si bien los ritmos de aumento máximos se alcanzaron entre los años 2004 y 2007 en los que la deuda de empresas y hogares creció más de 64 puntos porcentuales de PIB, un ritmo claramente insostenible. En aquellos años, el crédito de los bancos y cajas de ahorros a familias y empresas creció mucho más deprisa que los depósitos de los residentes, llegando a alcanzar el desfase 400.000 millones de euros a finales de 2007. Para salvar esta diferencia, los bancos tuvieron que recurrir al ahorro externo, lo que aumentó fuertemente la vulnerabilidad de nuestra economía a los vaivenes de los mercados financieros internacionales. A grandes rasgos esta situación persiste, ya que la posición internacional de inversión de España (la diferencia entre los activos que poseemos en el exterior y los pasivos que hemos contraído) apenas ha disminuido en los últimos años a pesar del ajuste de la economía (…)