En estas semanas de espanto, Occidente parece haber cruzado la línea de sombra que protege su singularidad. Desde el otro lado del espejo, el mundo en el que las cosas se conciben de modo inverso a los imperativos de nuestra moral ha irrumpido en nuestras calles. Nuestra existencia ha sido oscurecida por el interruptor que siempre tienen a mano los adversarios de la civilización occidental. Sigue leyendo
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