En el bipartidismo a la española, el ganador de las elecciones se lo llevaba todo: desde el Tribunal Constitucional a la televisión pública pasando por el Consejo General del Poder Judicial. Pero en este extraño país donde cambia el Gobierno y se van a casa desde el director del CIS hasta el subdirector general de Marina Mercante, el bipartidismo tenía una gran ventaja: que la noche de las elecciones te ibas a la cama sabiendo quién iba a ser el próximo presidente del Gobierno. Sigue leyendo
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